ORIGENES DE LA MASONERÍA
UNA REALIDAD HISTÓRICA
Repetidamente hemos sustentado la tesis de que la masonería es tan antigua como la misma humanidad.
Decir masonería es decir proyección positiva a través del tiempo y del espacio, de lo mejor de la sabiduría antigua hacia las humanidades de todos los tiempos.
Masonería es vida positiva, generosa, vida en superación, honestidad y servicio. Masonería es ciencia, es arte, es filosofía.
La filosofía de la masonería es la filosofía de la humanidad y en esta filosofía se han inspirado los más grandes sabios de todos los tiempos.
La filosofía masónica está enraizada en las enseñanzas de los avatares que en las distintas edades encarnaron en el planeta para proyectar nuevas formas de pensamiento y superación filosóficas para procurar la evolución de los pueblos hacia un devenir superior en libertad, fraternidad y servicio.
No se trata de confrontar la masonería y su filosofía como algo actual, que los grandes hombres iniciados en sus templos imprimieron en su manera de sentir, pensar y hacer.
Esto es, en cierto modo, una respuesta a los supuestos "reformadores" de los cuales nunca hemos escuchado programas filosóficos sociales o humanos que la institución no contenga ya en sus constituciones, usos y costumbres, así como en los rituales y liturgias de los distintos grados del rito.
Nadie creerá que la política pueda ser una innovación en la masonería. Sería ridículo.
No olvidemos que los humanos, y toda su gama de organizaciones con abundantes "sabios", no son más que meros redescubridores de los que en otras edades y en otros niveles planetarios han confrontado.
En la masonería el hombre recibe grandeza y poder y son estas virtudes las que en todos los tiempos han fluido hacia los mundos de nuestra supervivencia.
INICIACIÓN
Masónicamente consideramos que la iniciación aunque sea simbólica, establece un punto de partida de un estado de conciencia inferior a otro superior.
Este acontecimiento se ha producido en todos los tiempos de los que la humanidad tiene memoria. Hasta entre los que hoy nosotros llamamos salvajes, por cuyas etapas evolutivas hemos pasado todos, realizan sus rituales iniciáticos, por extraño que ello parezca.
Después del ritual, aquellos que fueron involucrados en las ceremonias son considerados por toda la organización tribal, como dotados de cualidades superiores y mando, que los demás respetan voluntariamente.
Aristóteles al referirse a los misterios de Eleusis, dijo que "la iniciación era no aprender sino experimentar". La iniciación es vivencia interna, autorrealización.
Si un profano conoce nuestros actos y rituales, conoce algo que no ha experimentado ya que sólo el "verdaderamente iniciado" pasó por la prueba y experimentó por sí mismo el "acto iniciático".
Por esta razón el iniciado nunca deja de serlo por más que reniegue, perjure, traicione o se "rasgue las vestiduras" para sacarse la iniciación. El acto iniciático lo acompañara por sus vidas futuras.
Quien ha recibido la iniciación por su propia voluntad y por la voluntad de sus hermanos, ha jurado y a sido consagrado a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo y proclamado de acuerdo con las normas litúrgicas del caso, ha sido constituido masón por los tiempos de los tiempos presentes y futuros.
En este acto iniciático intervienen fuerzas ocultas de elevado poder y el mundo dévico moviliza verdaderas legiones de devas que transportan fuerzas cósmicas de extraordinaria sutilidad que implantan en el corazón del candidato el germen de un nuevo mundo interno.
Si os dijera que los masones realmente interesados en el proceso masónico no hacemos más que redescubrir lo que se ha fijado en nuestro mundo emotivo, mental e intuicional en otra edades de nuestra existencias, sentirías que estoy diciendo algo fuera de realidad.
Sin embargo, la formidable fuerza de la masonería, sus principios y su filosofía arraigan poderosamente en nuestro medio y en nuestro mundo por el ancestral conocimiento, sabiduría y virtud que implícita e intuitivamente empujan al masón a luchar por las nobles causas de la libertad, la justicia y por el progreso de las humanidades de todos los tiempos. Este es nuestro verdadero destino.
HIRAM ABIFF
Estas filosofías y tradiciones herméticas simbolizadas en la Leyenda de Hiram Abiff, personaje real, histórico, como puede probarse por las copias de cartas cruzadas entre los reyes Salomón, e Hiram, rey de Tiro, que figuran en los bien guardados archivos de los eruditos del pueblo de Israel, constituyen uno de los pilares más importantes de las tradiciones masónicas.
Hiram Abiff fue el decorador del Templo de Salomón, el que le dio sabor litúrgico a toda aquella obra vinculada al destino de toda una gran raza en la cual está involucrada la humanidad de nuestro tiempo.
Hiram Abiff, dice la Biblia, "estaba saturado de sabiduría y entendimiento y hábil en todo trabajo con latón, oro, hierro, piedra, madera, lino fino, azul, rosa y también para grabar toda clase de objetos y hallar solución a todo problema que se le planteara".
Hiram era hijo de una viuda de Neftalí, (de aquí la expresión de "Los hijos de la viuda" con que nos identificamos los masones a través de los siglos) y su padre era de Tiro. Hiram gozaba de la confianza del rey Salomón y formaba parte de su Consejo del Reino y era tratado como un igual por los dos reyes.
LA PRACTICA DEL CEREMONIAL
De acuerdo con lo registros históricos, Moisés estaba familiarizado con los grandes rituales Egipcios, en los que había sido iniciado antes de abandonar aquel territorio conduciendo a los judíos a través de la diáspora.
Se asegura que practicaba el Gran Ritual del AMEN, a través del cual imprimía valor, fuerza, esperanza y poder oculto a cuantos le seguían. Sólo así la dura lucha contra un destino lleno de incógnitas, privaciones y sacrificios.
El mundo hermético nunca abandonó a Moisés en su misión en busca de la "tierra prometida" y gracias a ello pudo conquistar Palestina para su pueblo.
De no haber sido asistido por el "mundo dévico" que lo alentó, sostuvo e impulsó durante su gran peregrinación por tierras desconocidas, su empresa hubiera terminado con la dispensión, ya que los grandes problemas internos surgidos entre sus seguidores pusieron en peligro repetidas veces la unidad, pero aún así la diáspora fue llevada a buen fin.
Volviendo brevemente sobre nuestros pasos, no olvidemos que "el mismo rey Salomón había heredado la misma línea egipcia de sucesión derivada de Moisés". No ha sido casual sino causal, que Salomón se hubiera convertido en la época de su reinado, en luz y guía del pueblo hebreo.
A través de los siglos se conservaron las tradiciones derivados de las experiencias hebreas y se asegura que la sucesión de maestros instalados fue trasmitida dentro del seno de una nueva organización a la que pertenecía la segunda logia y desde entonces los venerables maestros de las logias que derivan su sucesión de los Misterios de los Hebreos se han sentado siempre en el lugar de Salomón y los dos vigilantes ocupan los de Hiram, rey de Tiro y de Hiram Abiff, personaje central de la leyenda por todos conocida.
Por este proceso puede establecerse una auténtica verdad que respalda a nuestra tradición masónica.
Las ceremonias masónicas fueron transmitidas de era en era con pequeños cambios, pero a través de los tiempos fueron cambiando algunas palabras de los ceremoniales, de acuerdo con los usos y costumbres que predominaban en aquellas épocas.
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